Cuando el contexto social no brinda situaciones de lectura y escritura, se torna difícil acceder fácilmente a una cultura que justamente es altamente exigente en cuanto alfabetización tanto lingüística como tecnológica. Por ejemplo, muchas mujeres que asisten al taller de alfabetización trabajan en quehaceres domésticos, y el hecho de no saber leer o escribir notas, o no entender aparatos como microondas, pc, fax, etc, las hace sentir disminuidas, los que las convierte en personas pasivas. Los hombres que son albañiles, por ejemplo, necesitan mucho de la matemática y la geometría para realizar cálculos más exactos de materiales. Tanto hombres como mujeres tienen un saber relacionado con el hacer, pero saben que necesitan de ciertos conocimientos para desempeñarse mejor
Lo que puede influir mucho en el aprendizaje de las personas adultas no es la edad, sino las experiencias de fracaso, de estigmatización y de sujeción. Es decir que, la mayor traba que observamos en el aprendizaje, es la baja autoestima que les hace pensar que no son capaces de aprender. Si se puede superar esta barrera, la edad no es un inconveniente.
El sujeto adulto es diferente al niño/a, ha pasado por las etapas evolutivas de maduración, así que el método es diferente. Aunque se puede diagnosticar desde el enfoque psicogenético que propone la construcción de la lectoescritura pasando por distintas etapas de hipótesis de quien aprende, la puesta en marcha de la enseñanza está más centrada en un enfoque psicosocial que pone énfasis en las vivencias, el entorno y las necesidades reales y emergentes.
lunes, 8 de marzo de 2010
¿Es la edad una limitación para aprender a leer y a escribir?
Cuando el contexto social no brinda situaciones de lectura y escritura, se torna difícil acceder fácilmente a una cultura que justamente es altamente exigente en cuanto alfabetización tanto lingüística como tecnológica. Por ejemplo, muchas mujeres que asisten al taller de alfabetización trabajan en quehaceres domésticos, y el hecho de no saber leer o escribir notas, o no entender aparatos como microondas, pc, fax, etc, las hace sentir disminuidas, los que las convierte en personas pasivas. Los hombres que son albañiles, por ejemplo, necesitan mucho de la matemática y la geometría para realizar cálculos más exactos de materiales. Tanto hombres como mujeres tienen un saber relacionado con el hacer, pero saben que necesitan de ciertos conocimientos para desempeñarse mejor
Lo que puede influir mucho en el aprendizaje de las personas adultas no es la edad, sino las experiencias de fracaso, de estigmatización y de sujeción. Es decir que, la mayor traba que observamos en el aprendizaje, es la baja autoestima que les hace pensar que no son capaces de aprender. Si se puede superar esta barrera, la edad no es un inconveniente.
El sujeto adulto es diferente al niño/a, ha pasado por las etapas evolutivas de maduración, así que el método es diferente. Aunque se puede diagnosticar desde el enfoque psicogenético que propone la construcción de la lectoescritura pasando por distintas etapas de hipótesis de quien aprende, la puesta en marcha de la enseñanza está más centrada en un enfoque psicosocial que pone énfasis en las vivencias, el entorno y las necesidades reales y emergentes.
El taller de Alfabetización fue ganando seguridad y proyección
El taller de Alfabetización fue ganando seguridad y proyección más a largo plazo. Después de haber pasado por el taller más de 30 estudiantes, que por distintas razones dejan. Hay un grupo estable de 8 asistentes que siguen y otro grupo de 4 que vienen cada vez que pueden. El grupo humano se ha consolidado a través de otras actividades como festejos de cumpleaños, llamados telefónicos, ayuda en bienes materiales básicos, etc.
Hubo cambios positivos y también negativos. En cuanto a los positivos observamos logros personales muy valiosos y profundos: Poder ir a una librería y elegir un libro; ir al banco a retirar dinero; firmar el primer crédito de su vida; ayudar en las tareas a un hijo que empieza primer grado; aprender a usar un celular; leer la Biblia; reconocer cuándo un precio es muy elevado; etc. En cuanto a hechos negativos, hemos observado que a veces las mujeres casadas dejan el taller cuando sus maridos temen que ellas sepan más, otras veces por no disponer de tiempo. En el caso de los hombres, dejan siempre por cuestiones laborales, ya que nuestro horario es de tarde.
Nos sentimos orgullosas de ver que todas las personas que se acercan a ayudar al club, toman conciencia de lo valioso que es hacer un trabajo solidario. Este es un trabajo que da muchísimas satisfacciones. Cada vez que un alumno o una alumna nos saluda con cariño y nos dice “maestra”, sentimos que esa palabra cobra un sentido pleno. Cada vez que con orgullo alguno/a de los/as alumnos/as se emociona al aprender algo, sentimos que las cosas de la vida tienen sentido.
La superación personal
La necesidad que manifiesta la persona adulta es siempre la superación personal, la necesidad de ayudar a los suyos, de mejorar en la situación laboral, de acceder a algo que saben que debería ser de todos, ganas de seguir estudiando, de sentirse bien ante los demás y ante situaciones, que para los alfabetizados son cotidianas, pero que para quien no pudo escolarizarse se tornan difíciles (abrir una cuenta bancaria, sacar un crédito, firmar documentos, leerle un cuento a un hijo, etc.)
Al no haber todavía ningún convenio con escuelas para rendir examen, los tiempos son libres. Cada persona va a su ritmo. Las y los adultas/os tienen obligaciones que a veces las/los llevan a faltar por un tiempo, pero en el Taller no hay presiones ni sanciones, así que ellas y ellos saben que pueden retomar en cualquier momento que puedan.
Al sumarse tres mujeres del ámbito de la psicología social, la contención se hizo más firme. Mónica, Alicia y Patricia lograron encontrar más razones de cohesión.
¿Cómo se originó este Taller de Alfabetización?
En el año 2005 Elsa García me comentó que veía la necesidad de alfabetizar a las mujeres que iban al Club de Tejedoras. Elsa había intentado enseñarles a leer y realizar cuentas básicas para que las tejedoras pudieran leer las revistas y los apuntes para perfeccionarse en el tejido, pero se dio cuenta de que era necesario una maestra. Me contó muchas historias de mujeres que desearían estudiar para ser peluqueras, modistas, enfermeras, pero que no podían porque no habían podido ir a la escuela hasta el momento.
Yo enseñaba en aquel entonces “Proyecto de Investigación e Inserción Comunitaria”, y planifiqué para el año 2006 proponerles a un grupo de alumnos que tomaran esa problemática y diseñaran un plan de acción para dar un taller de alfabetización. No fue un tema que atrajera desde el vamos a las y los estudiantes, pero una vez que entablaron contacto con las posibles alumnas, todo cambió. Creció el compromiso, el deseo de ayudar y se formó un grupo que, con el estudio de un enfoque y varios métodos, diseñó y dictó clases desde mayo hasta noviembre.
El modelo pedagógico que enmarca este proyecto se basa en las propuestas de Paulo Freire, un pedagogo de Brasil que se dedica a la alfabetización de adultos partiendo de la idea filosófica de que la educación debe ser dialéctica, crítica y centrada en el sujeto oprimido, quien debe tener la experiencia de conocer para construir su libertad. Su “Pedagogía del oprimido” es mi libro de base y el de muchos educadores de izquierda que buscan entender la relación entre el conocimiento, la lucha de clases y la opresión. Desde esta postura filosófica, vamos construyendo nuestro propio sistema para educar adultos. Conjugamos enfoques psicogenéticos (a través de los aportes de Piaget y Emilia Ferreiro) con enfoques sociohistóricos (a través de los aportes de Vigostsky) , y sumamos los aciertos que hayan tenido los distintos métodos tradicionales (muchos ya superados) como el sintético y el analítico(palabra generadora y método global). Es decir, que diagnosticando el grupo, analizando sus experiencias, sus necesidades, vamos aplicando los distintos aportes, siempre bajo la certeza de que educar es democratizar la cultura y brindar posibilidades a quienes se les ha negado el acceso a la educación en su momento por distintas razones.
Los y las estudiantes de 3ero de Polimodal creyeron en estos principios y así se lanzaron a la aventura de enseñar. Lo que no sabían era que ellos iban a ser los "enseñados" por esta nueva relación con un mundo que desconocían.
Liliana Arroyo
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