Es una verdad: Nunca es tarde para aprender

Así lo han pensado las personas adultas que asisten a este taller. Mujeres y hombres que además de trabajar, de atender su casa y sus hijos, deciden encontrarse dos veces por semanas para seguir aprendiendo. Y con qué ganas lo hacen. Cómo brillan sus miradas cuando descubren nuevas formas de nombrar el mundo.
Son ejemplos de vida que vienen de la mano de la educación no formal y solidaria.
Esta es nuestra invitación. Pasen y vean. Es posible.
Mónica, Alicia, Patricia, Fela y Liliana, docentes solidarias.

lunes, 8 de marzo de 2010

La superación personal

La necesidad que manifiesta la persona adulta es siempre la superación personal, la necesidad de ayudar a los suyos, de mejorar en la situación laboral, de acceder a algo que saben que debería ser de todos, ganas de seguir estudiando, de sentirse bien ante los demás y ante situaciones, que para los alfabetizados son cotidianas, pero que para quien no pudo escolarizarse se tornan difíciles (abrir una cuenta bancaria, sacar un crédito, firmar documentos, leerle un cuento a un hijo, etc.) Al no haber todavía ningún convenio con escuelas para rendir examen, los tiempos son libres. Cada persona va a su ritmo. Las y los adultas/os tienen obligaciones que a veces las/los llevan a faltar por un tiempo, pero en el Taller no hay presiones ni sanciones, así que ellas y ellos saben que pueden retomar en cualquier momento que puedan. Al sumarse tres mujeres del ámbito de la psicología social, la contención se hizo más firme. Mónica, Alicia y Patricia lograron encontrar más razones de cohesión.

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